Lo encontré creciendo en la más lejana esquina
del último cuarto de la casa. Las ramas se estaban difuminando
en el atardecer.
De otra parte de la casa se filtraba la canción de las noticias de las 5 de la tarde.
La radio.
Y una voz charlando por teléfono . . . todo bien aquí, todo bien . . .
La voz de mi madre.
Lo encontré tantos años después, cuando las sombras
ya habían empezado a borrar la evidencia,
las semillas las únicas cosas que quedaron,
esparcidas entre las gruesas raíces.
Se habían descompuesto las pieles de rojo cegador.
Se habían evaporado los empalagosos zumos.
Me acordé de pronto de ese sabor, esas mil dulces noches
boca arriba debajo de las ramas que yo no reconocía
como ramas.
Me acordé y de pronto
no lo pude aguantar.
Me puse unas semillas bajo la lengua.
Regresé a la cocina.
Contesté la llamada.
No comments:
Post a Comment