Siempre me dirás eso–
lo aprecio, lo aprecio en verdad
–mientras los ciervos corran por la calle.
Desde las escaleras cerca del borde del bosque
los veremos, y me lo repetirás–
en verdad, lo aprecio.
¿De dónde vienen? Esto
estaré pensando yo.
Ignorando el bosque.
Me harás sentir desorientada
a veces. A veces no.
Una vez mi madre chocó su carro
contra el cuerpo de un cervato
igual de pequeño, diré, señalando.
Siempre quiero que veas lo que nos rodea.
Hasta que a veces yo misma lo olvide.
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